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Escritor Argentino

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Danilo Albero, nació en Mendoza en 1947. Es licenciado en letras, narrador y librero. Como narrador ha publicado los libros de cuentos: Estación Borges (1994) y Al mejor cazador (2000); y las novelas: Confesiones de un dandy (1997), Jorge Newbery el señor del coraje (2003) -de cuyo título, imposición de asesor de marketing de la editorial, siempre renegó- y Variaciones Turner (2013) -finalista del concurso La Nación-Sudamericana 2005 con el título El Gran Oriental-. Junto con Beatriz Colombi publicó Los ‘trucs’ del perfecto cuentista (1993) -recopilación de 36 artículos periodísticos y de crítica literaria de Horacio Quiroga, que incluye 9 textos inéditos-. Ha traducido del portugués a autores brasileños clásicos y contemporáneos, entre otros: Aluzio de Azevedo y Machado de Assis y del inglés a Lafcadio Hearn (a publicar en 2016).

Por su actividad como narrador y ensayista ha recibido premios nacionales e internacionales, entre otros: José Toribio Medina (1986), Primer concurso Play Boy de Cuentos en Español (1989), Primer Premio del Concurso Literario de Cuentos, organizado por la Fundación Manuel Mujica Láinez Ana de Alvear de Mujica Láinez (1991), Fondo Nacional de las Artes (1993), Primer Premio de Narrativa del Concurso Felix Duarte de Santa Cruz de la Palma (España, 1994), Premio Edenor Ensayo, organizado por la Fundación El Libro (1999), Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (1998) y Premio Especial Eduardo Mallea (2007).

Ha publicado notas en el área de ecología, deportes no convencionales y de alto riesgo, y turismo aventura en las revistas Cuerpos y Mentes en el Deporte, Week End y Supervivencia y Aventura. Ha colaborado en las revistas literarias Maniático textual (reseñas y entrevistas) y Con V de Vian (traducciones); con notas y entrevistas en los suplementos culturales de los diarios Ambito Financiero, El Cronista, y La Jornada Cultural de México.

Entre 1993-2000 fue miembro electo de la Comisión Directiva de Cámara Argentina del Libro, donde formó parte de las comisiones de cultura, prensa y comercio exterior. A partir de esa fecha al presente es miembro de la Comisión de Cultura de la Fundación el Libro.
 

ULTIMAS publicaciones

1 Diario de marear Con los ojos de Julian Barnes
2 Notas de Joe Turner Citas y sus derivas 2
3 Homo legens Un año de lecturas
4 Diario de marear Singladuras etílicas
5 Gramática Uso de los tiempos verbales 5
6 Gramática Uso de los tiempos verbales 4
7 Diario de marear Esquejes y rizomas literarios
8 Gramática Uso de los tiempos verbales 3
9 Gramática Uso de los tiempos verbales 2
10 Diario de marear Rocco Schiavone y Borges
11 Gramática Uso de los tiempos verbales 1
12 Notas de Joe Turner Amalia de Mármol, ur-fetichismo
13 Diario de marear Ketchum, Idaho, 2 de julio, 07:30
14 Homo legens De El Golem a Blade Runner 6
15 Homo legens De El Golem a Blade Runner 5
16 Homo legens De El Golem a Blade Runner 4
17 Homo legens De El Golem a Blade Runner 3
18 Homo legens De El Golem a Blade Runner 2
19 Homo legens De El Golem a Blade Runner 1
20 Agenda Entrevista a Danilo Albero Vergara en la Feria del libro 2018
21 Agenda Frankestein en Feria del libro 2018
22 Agenda El Golem, autómatas, androides y otras criaturas literarias
23 Agenda Video sobre conferencia La Paz que no fue.
24 Galeria Alejandro Vaccaro Danilo Albero Vergara Feria del libro 2018
25 Galeria Cristina Mucci Danilo Albero Vergara Feria del libro 2018
26 Agenda La paz que no fue. A 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial
27 Notas de Joe Turner Escarabajos bombarderos
28 Agenda Curso en la Feria del Libro 2018
29 Notas de Joe Turner En este lugar sagrado
30 Notas de Joe Turner Flâneries con los clásicos

Ultimas publicaciones

Con los ojos de Julian Barnes
Con los ojos de Julian Barnes

En algún artículo publicado en la revista "El Hogar", Jorge Luis Borges, el escritor argentino dice que una forma ideal de novela sería aquella en la cual el lector, cuando esté llegando al final, se cruce con un párrafo que produzca reflexionar sobre el texto; que ello estimule a recomenzarlo, y encontrarse con una historia totalmente diferente a la que había leído.

Esta boutade enfoca la actitud que cada persona asume frente a un texto u obra de arte porque –valga la paráfrasis de Heráclito: "nunca leerás dos veces el mismo libro ni verás dos veces el mismo cuadro"– nos coloca en el meollo de la percepción estética: nuestro gusto y su retroalimentación; Pierre Menard lo tenía claro. Así, el artículo de "El Hogar" focaliza en el tema de la perspectiva, término polisémico –una aproximación en la RAE da nueve significados distintos– y, a los fines de la apreciación de la obra de un plástico, músico o narrador, cinco de ellas son válidas–: "Sistema de representación que intenta reproducir en una superficie plana la profundidad del espacio y la imagen tridimensional con que aparecen las formas a la vista"; "Panorama que desde un punto determinado se presenta a la vista del espectador, especialmente cuando está lejano"; "Apariencia o representación engañosa y falaz de las cosas"; "Punto de vista desde el cual se considera o se analiza un asunto"; y "Visión, considerada en principio más ajustada a la realidad, que viene favorecida por la observación ya distante, espacial o temporalmente, de cualquier hecho o fenómeno".

En los ensayos reunidos en Con los ojos bien abiertos, Julian Barnes aporta su visión de escritor que "lee pintores", quizás sin saberlo siguiendo el hilo de Ariadna del artículo de "El Hogar". Alrededor de la mitad del libro analiza la técnica de Vallotton, el paysage compossé (paisaje compuesto): "Salía al campo, hacía bocetos, tomaba notas, regresaba a su estudio y montaba la pintura usando material de diferentes lugares: una naturaleza nueva, técnicamente inexistente creada sobre el lienzo...; así El estanque (1909) contiene áreas representadas en un estilo impresionista, otras con un realismo contundente, mientras una zona de agua negra y turbia parece mutar en un enorme y siniestro pez a medida que la miras". En este punto se me hizo necesaria una vuelta al principio y ver qué otras trampas había montadas en el texto y qué lecturas convocaba.

Acotado por su evidente simpatía con la cultura francesa, el libro empieza con un texto magistral –ya publicado en Historia del mundo en diez capítulos y medio– para continuar con, entre otros, Delacroix, Courbet, Manet, Cézanne, Redon, Bonard, Vuillard, Valloton, Braque, Magritte, Oldenburg, Freud, Hodking. A partir del ensayo "Magritte: un pájaro en un huevo", Barnes afina su perspectiva y despliega su capacidad de análisis para armar sistemas de referencias, literarias y pictóricas. Un autorretrato de Magritte, La clarividencia, lo muestra de perfil, mirando un huevo sobre un mantel burdeos, la paleta en la mano izquierda, pero sobre el lienzo blanco pinta un ave que levanta vuelo, asociaciones mentales de la imagen y una transformación artística. La clarividencia nos muestra el proceso mental de creación del pintor, casi como "La filosofía de la composición" de Poe llevada al plano de la pintura. Margritte plasma la transformación en un diálogo con Oscar Wilde, "la vida imita al arte"; en la naturaleza la transformación ocurre con todas las aves. Pero, además, La clarividencia, nos retrotrae a la boutade de Borges: visto de izquierda a derecha, el cuadro nos muestra que primero fue el huevo; en el recorrido inverso, primero fue la gallina.

Diecisiete años median entre el primer ensayo "Géricault: la catástrofe convertida en arte" (1987) –publicado originalmente en Una historia del mundo en 10 capítulos y medio con el título "El naufragio"– y "Hodgkin: Palabras para H.H." (2006). En este último texto Julian Barnes avanza sobre la estrecha relación de Flaubert con la pintura y, a la vez, expone sus propias ideas sobre el acto creativo. Flaubert rechazaba la obra de Courbet, lo acusaba de ser doctrinario y de "no sentir el sagrado secreto a la forma". Flaubert pensaba que, en literatura y plástica, no sólo trata de lo que se pinta o escribe, sino de lo que se oculta y, en la representación mental que se hacía de una escena, solía tener detalles que ocultaba; Hemingway lo habría de llamar "teoría del iceberg". Flaubert le confesó a los Goncourt que, cuando escribía una novela, el argumento era lo menos importante, lo primero que buscaba era darle un color o una tonalidad; así para él Salambó era púrpura y Madame Bovary, gris mohoso.

No abundan los trabajos de autores literarios sobre artistas, está El atrevimiento de mirar, de Antonio Muñoz Molina, que es licenciado en Historia del Arte y, antes, Hemingway. En una sus primera notas sobre tauromaquia el joven Hemingway narra un viaje a un pequeño pueblo para ver una corrida de toros, según su perspectiva el paisaje era de Velázquez pero, ya en el pueblo, camino a la plaza de toros, la cantidad de mendigos tullidos y ciegos lo hizo pensar en Goya y, en Muerte en la tarde define la tauromaquia como arte y la compara con obras de artistas como Picasso o Velázquez.

Con los ojos bien abiertos, devela más allá de los gustos pictóricos del escritor, que el arte es nadar en nuestro propio río interior, zambullirnos en nosotros mismos.

 





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Citas y sus derivas 2
Citas y sus derivas 2

En citas y sus derivas quedó en el tintero una cornucopia: citas atribuidas a militares y políticos a propósito de la guerra. Cosecha jugosa, sea por sabias o irónicas reflexiones, sea ataques de enemigos. Y no necesariamente enemigos: las opiniones de Patton, Bradley, oficiales polacos, incluso británicos, del mariscal Montgomery, no son flores –ya que de antología trata– gratas de oler. Este jardín se debe a un tópico que nace con la literatura: la afinidad del guerrero con el poeta y que fue definido recién en el siglo XVI por Baldasare Gastiglione (Zeitgeist) como tópico literario de: "las armas y las letras".

El tópico remonta al origen de la literatura: la poesía épica que narró hazañas y batalla de héroes y continuó hasta el nacimiento de la novela moderna con Cervantes en El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. En la Primera parte, "Capítulo XXXVII Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras", podemos leer las argumentaciones del Caballero de la Triste Figura: "...volvamos a la preeminencia de las armas contra las letras, materia que hasta ahora está por averiguar, según son las razones que cada una de su parte alega. Y, entre las que he dicho; dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios...". Y no solamente las armas defienden repúblicas y reinos sino que también sirven para dirimir rivalidades poéticas, literarias y artísticas. En el mero plano literario las metafóricas batallas estéticas y poéticas pueden ser más sangrientas e impiadosas que las otras.

Las citas atribuidas a guerreros pueden ser leídas como alabanzas o vituperios, al igual que los proverbios y adagios que pueden tener más de una interpretación. Y sobre este enfoque y formas de interpretación ya advirtió Erasmo de Rotterdam, en Adagios del poder y de la guerra y teoría del adagio, que una de las características de los adagios, dichos y proverbios es poder aplicarse con diferentes sentidos, de acuerdo a la ocasión, y da como ejemplo el caso de "tonel agujereado", que puede referir al olvidadizo, al inútil o al desagradecido. Advierte Erasmo que el cambio de una palabra, puede servir para adaptar el adagio, así: "regalos de enemigos no son regalos" –basado en la sentencia latina Hostium munera non munera–, puede cambiarse por: "regalos de pobres, de aduladores o de poetas no son regalos". Si se piensa bien, los regalos de los enemigos suelen acarrear desgracias –el ejemplo latino, remite a Eneida de Virgilo, Canto II, cuando Laocoonte, ante la vista del caballo que los griegos han dejado de presente, dice: Timeo danaos et dona ferentes (Temo a los griegos incluso cuando traen regalos)–; por eso, si los pobres, los aduladores o los poetas ofrecen algo se puede pensar que es más por intenciones de ganar voluntad o afecto que verdaderos regalos.

Así, sentencias de militares pueden ser retrucadas y volverse en su contra. El general George Patton, tan famoso por su afilada lengua, cuando se refería a rivales, como por los rigurosos entrenamientos a que sometía a sus tropas, acuñó el lema "A pint of sweat, saves a gallon of blood" (una gota de sudor ahorra galones de sangre). El fanfarrón Patton es conocido por su apodo "Sangre y cojones" (Blood and Guts); "Los cojones son de él, la sangre es nuestra", retrucaban por lo bajo sus soldados.

Muchas reflexiones y sentencias de guerreros –a veces utilizadas con fines literarios, poéticos o retóricos– sorprenden por su evidente falta de espontaneidad, sirva de ejemplo: Vini, vidi, vici y Alea iacta est. En este rubro, se lleva las palmas la arenga del Almirante Nelson antes de la batalla de Trafalgar: "England expects every man to do his duty" (Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber). Lord Horatio Nelson, fiel a su personalidad egocéntrica, habría pasado las horas previas a la batalla pensando en el mensaje más apropiado para despachar antes del inicio del combate, optó por: "Nelson confía en que todos los hombres cumplirán con su deber". Sugerencia atractiva y acorde a su carácter, enviar una comunicación casi coloquial, sabiendo que todas las tripulaciones lo respetaban y confiaban en él ciegamente. A último momento, modificó el texto dos veces. La primera: "Nelson" por "Inglaterra" y se la entregó al marinero encargado de transmitirla mediante banderolas. La segunda, por sugerencia del oficial que asistía con las señales, quien propuso: "Si su Señoría me permite reemplazar confía por espera el aviso será transmitido más rápido, porque la palabra espera tiene sólo una banderola por señal y confía debe ser deletreada"; "England expects every man to do his duty", quedó registrada como la arenga más famosa de la historia naval.

Dentro de las citas más conocidas que tienen contrapuntos adversos está aquella atribuida a Mussolini en un discurso en Alemania (1937): "Cuando el fascismo tiene un amigo, marchará con él hasta el final". La respuesta de Winston Churchill se escuchó cuatro años después, en la Cámara de los Comunes: "Ese chacal apaleado está retozando junto al tigre alemán".

Por su parte Churchill suele ser citado por un fragmento de su discurso luego de la retirada de Dunkerque (1940): "... lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, nunca nos rendiremos...". Pocos recuerdan aquella cínica definición suya, en plena guerra fría y el conflicto de Corea (1952), de prisionero de guerra: "Un prisionero de guerra es una persona que intentó matarte y fracasó, y después te pide que no lo mates". Premonitoriamente (1932) el magnate británico de prensa, Lord Beaverbrook, lo definió con un cáustico comentario que es una viñeta: "Churchill tiene la costumbre de romper los peldaños de cualquier escalera en que pone el pie".

La infinita serie de citas, hermanadas en el tópico de las armas y las letras, tiene su primer mordiente detractor en el siglo II antes de Cristo con Plauto, en su comedia El soldado fanfarrón (Miles gloriosus); en ella, el protagonista, Pirgopolínices, es blanco de burlas de todo el mundo, incluidos los esclavos. Así, el sambenito del miles gloriosus pende como espada de Damocles cada vez que se menciona alguna reflexión de guerrero; quizás porque, como dice el tango, muchas veces: "ni murió ni fue guerrero, como me engrupiste vos".

Más allá de estos dos extremos, el verdadero honor y la fanfarronería, la espada de Damocles puede representarla la afilada lengua de Alejandro Magno quien, ante un veterano que blasonaba de sus heridas en la cara frente a un recluta le espetó: "Soldado, la próxima vez que huyas no vuelvas la cara para ver si el enemigo te sigue". Gracián rescata este comentario del macedonio Alejandro Magno en Agudeza y arte de ingenio, digno de ser mencionado en "El arte de injuriar" de Jorge Luis Borges.

 





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Un año de lecturas

A veces es difícil no ser autorreferencial, máxime si uno se propone hacer el balance de lecturas del año.

En 2018 leí y releí apenas 41 libros en español, inglés, portugués y francés. De ellos dos best sellers: Bombardero de Len Deighton –relectura– y Sabotaje de Pérez Reverte, préstamo de un colega librero que leí el fin de semana; ambos cruzados y reinterpretados a la luz de Aristóteles. Len Deighton es Gardel; Pérez Reverte, recuerda a Florence, la protagonista de la película Florence Foster Jenkins, cada día canta peor; hay que reconocer que, gracias a sus habilidades como provocador profesional y oportunista literario no la lleva nada mal.

De tres escritores argentinos, dos son perfectamente olvidables –si la Biblioteca de Alejandría hubiera estado repleta de dos de ellos del tipo de Cómo me hice viernes y La vida invisible–, nadie habría llorado su incendio; son arduos –en la segunda acepción de la RAE– "como los arduos manuscritos / que perecieron en Alejandría". El tercero, Adelaida Sharp y su tiempo de Ana Abregú, hace pensar que no todo está perdido en la narrativa nacional, delicada serie de relatos entrelazados que dialogan entre ellos y pueden leerse como capítulos de una novela. Técnica que amerita ser copiada.

Avanzo en mi escritura a mano y veo el motivo de tan parca cantidad de lecturas y relecturas: los cruces y relecturas –imposible no repetir "lecturas" y "relecturas"– parciales a los que me llevaron los textos leídos en 2018. De mi nueva visita a Herodoto, Los nueve libros de la historia me llevaron a sobrevolar y hacer breves aterrizajes en Tristram Shandy. La Ilíada, Odisea y Eneida, me hicieron revisitar notas y subrayados de Apolonio de Rodas y ver, de qué manera aflora; sobre todo en lo que hace a la traza de los viajes de Jasón y los Argonautas, en los periplos de Odiseo y Eneas. Sin olvidar la presencia de los viajes de Jasón en Metamorfosis de Ovidio.

Otra razón de mis parcas lecturas fue que, a lo largo del año pasado, me dediqué a fichar algunos de los textos: Homero, Virgilio, Aristóteles y Horacio. Además, constatar que los dos últimos han sido leídos y consultados de manera casi permanente a partir de 2015; ya es el borrador de una poética: la mía.

En el Capítulo 6 de Poética de Aristóteles leemos, cuando habla de la tragedia: "Además, sin acción no podría surgir ninguna tragedia, pero sí sin caracteres. De hecho, las tragedias de la mayoría de los autores recientes carecen de caracteres –perfil de personajes–", de donde se deduce que a Aristóteles no le interesa la estructura psicológica de los personajes de la tragedia, sino sus acciones; importa la trama que enlaza hechos, al margen de la percepción subjetiva que los personajes tengan de esos sucesos. De hecho, Pérez Reverte tiene acción, pero no caracteres –siempre las mismas máscaras en sus novelas, sucedan en el Siglo de Oro, la Ilustración, o en el siglo XX–, de allí que es claro que cada vez que escribe una novela es obvio que piensa en su adaptación cinematográfica. Todo un mérito, no creo que el vuelo –gallináceo–de Cómo me hice viernes y La vida invisible, dé para tanto. En contrapartida, Adelaida Sharp y su tiempo, de Ana Abregú carece de acción, los textos son como poemas y se adaptan perfectamente a ser escuchados, no vistos.

Termino de hojear Epístola a los Pisones y veo este subrayado: "El mérito y la elegancia de una exposición estará, o mucho me equivoco, en decir en el instante adecuado lo que debía decirse y a su vez retardar y omitir lo restante; el autor que se ha comprometido a escribir un poema, ha de amar una cosa y desechar otras". El párrafo estaba señalado con una línea vertical y, al lado de esta, un signo admiración, de cierre (!) encerrado en un triángulo con la anotación: "confrontar con la teoría del iceberg de Hemingway". La anotación no tenía fecha.

Last but not least (último, pero no postrero), no debo olvidar de El teniente Kizhé, de Iuri Titianov, en la deliciosa edición de Editorial Leteo; reafirma mi prejuicio sobre la literatura argentina contemporánea, de la cual rescato a Edgardo Cozarinsky, cuyo último libro acabo de leer. Queda para el balance de 2019.

 





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Singladuras etílicas
Singladuras etílicas

Sábado 5 de enero 2019. A poco menos de una semana del comienzo de año, no me repongo de la resaca de postreros posteos en redes sociales, autocríticas sobre los fallidos intentos del año pasado por hacer régimen, también: promesas de empezar el 1 de enero 2019 –mejor el 2 o 3 de enero 2019, hasta acabar con los restos de pavo, lechón, vitel toné y pan dulce; Roma no se hizo en un día– y empezar con un régimen definitivo, y definitivo cambio de hábitos, y definitivos proyectos de realizar lecturas postergadas hace lustros, y definitivos planes de escritura. Veo que hace exactamente 364 días escribí sobre Congéneres y resacas literarias y sus causas. Ahora esta singladura me lleva un activo causante de las resacas, las bebidas destiladas, por las esencias que encierran.

Como el consumo de los fermentados naturales con tenor alcohólico a base de uvas, granos o frutas varias, de los cuales provienen vinos y cervezas, es una historia que se remonta a la Biblia, elegí las destiladas. Es interesante la evolución de las bebidas espirituosas porque revela la manera de separar la esencia y lo sustancial de un preparado, ¿qué otra cosa son el arte y la literatura? Es posible destilar el jugo o preparado de casi cualquier producto vegetal: trigo, maíz, sorgo, cebada, papa, remolacha, agave –hace años, vi un documental brasileño sobre una cárcel: los presos fermentaban jugo de naranja en bidones plásticos y lo destilaban usando una enorme tetera, con la tapa sellada con masa de harina y a cuyo pico le añadían un tubo plástico como serpentín refrigerante–. La etimología de la palabra alcohol indica el trascendental paso que intermedia entre vino y brandy. Alcohol deriva del árabe al koh'l, que conocemos como kohol, maquillaje femenino de los ojos –aunque con el asunto de la igualdad de género y otras menudencias, políticamente correctas, pero que pueden manear cualquier intento literario, mejor decir ‘maquillaje para ojos’, en lugar de ‘maquillaje femenino para ojos’–. El al koh'l se obtenía con el sublimado de la galena –una sustancia pasa del estado sólido al gaseoso sin atravesar la etapa líquida intermedia– y su posterior condensación, más el agregado de sustancias aromática y colorantes para darle la consistencia de polvo o crema. Durante el dominio árabe del Lejano y Cercano Oriente y el norte de África se perfeccionaron técnicas de destilado –palabras relacionadas con la destilación tienen origen árabe: alambique, alquitara, atanor, alquimia–. Pero los árabes no bebían alcohol, destilaban para hacer perfumes, ungüentos; y llegaron bastante lejos, se le atribuye al alquimista persa Jabir ibn Yayya, el descubrimiento del "agua fuerte", que disuelve la plata y "agua regia" que disuelve el oro.

Los cristianos se encargarían de mostrarle al mundo otra manera de usar el alcohol, bebiéndolo. La leyenda nos cuenta que San Patricio, patrono de Irlanda, trajo a Europa la técnica para elaborar alcohol a partir de mostos y guarapos. En el siglo V de la era cristiana, el santo partió para conocer el Cercano Oriente y llevar la palabra de Dios; ignoro los resultados de esa labor evangelizadora. Lo que fue leyenda –y, al parecer, ‘verdad histórica’– es que regresó a Irlanda portando un alambique que luego sería reproducido, difundido al resto del mundo, y perfeccionado con el paso de los siglos y nuevas nacionalidades. Ahora, en la verde Erin no abundaban las viñas, pero en los monasterios fabricaban cerveza con cebada y centeno; San Patricio tuvo la idea de destilar los mostos y obtuvo una nueva agua, que aclaraba la voz y calentaba los corazones en los fríos maitines, había nacido el aqua vitae o el uisce beatha (uisce con c, agua bendecida), hoy conocida como whiskey (whisky irlandés). Interesante la relación del agua con el alcohol, desde el vodka –literalmente agüita en ruso– al aquavit, pasando por el aguardiente o el "agua de fuego" –a la que se volvieron adictos los indios pieles rojas en los comics de nuestra infancia–; cuando no con el espíritu de, allí el nombre genérico para los destilados: bebidas espirituosas o el "espíritu del vino", uno de los primeros nombres para el brandy. El aqua vitae, a diferencia del "agua fuerte" y el "agua regia", tiene el don de, si se consume excesivamente, disolver la razón y la cordura. Como sea, seis o siete siglos después del regreso de San Patricio, los monjes de Irlanda y el resto de Europa comerciaban distintos destilados, secos o dulces, aromatizados con todo tipo de hierbas, semillas y especias. La historia tiene sus flecos y muchos entresijos.

San Patricio nació en Cumbria, región de Escocia, por aquellos siglos los escoceses declaraban que sus clanes antepasados habían llegado a Jerusalén antes que los cruzados y que fueron ellos los inventores del ahora uisge beatha (uisge con g) hoy conocida como whisky –las brumas de las Highlands y el uisge beatha, pueden provocar delirios místicos, patrioteros o el monstruo de Loch Ness–. Quienes zanjaron este problema onomástico fueron las tropas de Enrique II de Inglaterra –el involucrado en el affaire del obispo, hoy santo, Tomás Becket, que tuvo sus derivas literarias en T.S. Eliot y Jean Anouilh; imposible hablar de singladuras etílicas sin sus consecuencias literarias– que hacia finales del 1100 invadieron Irlanda. Algunos de estos soldados tuvieron la suerte de alojarse en la abadía destiladora donde encontraron algunos cascos de roble que, ni lerdos ni perezosos, se apresuraron a taladrar. Luego de beber el contenido del nuevo elixir –que no era el esperado vino o cerveza– se sintieron con los pies alados como si tuvieran las sandalias de Hermes –el dios del Olimpo, no Hermès la marca francesa– que los empujaban volando como flechas (to whisk, llevar rápidamente en inglés).

Empiezo el año bien avanzado con las relecturas de Metamorfosis de Ovidio y Mitologías de Roland Barthes; a medio camino de 800 páginas de Estambul, la ciudad de los tres nombres de Bettany Hughes. Las ciencias y las artes son como bebidas espirituosas, un quevediano “escuchar con los ojos a los muertos”, y también a los vivos; un condensado de esencias. También una hermandad universal, como la de las bebidas destiladas, pero ahora literario, donde somos cófrades y protagonistas con las sensibilidades y espíritus de todos los tiempos y todas las épocas, eso que se llama Zeitgeist, y sobre este tema ya reflexionaron Machado de Assis y Jorge Luis Borges.

Volviendo al whiskey o whisky, el último detalle. Una vez destilada la bebida pasa entre 7 y 30 años en vasijas de roble; pero una vez embotellada, permanecerá inalterable y sin envejecer, en su misma edad, por los siglos de los siglos. Como los textos de una biblioteca de clásicos de todos los tiempos y culturas –que, en el caso de los whiskies sería blended (mezclados) –. Por los siglos de los siglos. Amén.

 

Uso de los tiempos verbales 5
Uso de los tiempos verbales 5

Ya en Uso de los tiempos verbales 1 tratamos el modo indicativo; en Uso de los tiempos verbales 2, los tiempos simples del indicativo; Uso de los tiempos verbales 3, tiempos compuestos del indicativo. Uso de los tiempos verbales 4, los tiempos del subjuntivo Vamos ahora al uso de los tiempos compuestos del modo subjuntivo.

Pretérito perfecto

haya amado / temido / partido

Pretérito pluscuamperfecto

hubiera o hubiese llegado

hubiera o hubiese temido

hubiera o hubiese partido

Futuro perfecto     

hubiere amado / temido / partido

Pretérito perfecto

Es un tiempo que se usa para expresar acciones concluidas –aspecto perfectivo–, pasadas o futuras, que siguen vinculadas al momento de la enunciación.

 1- Acciones futuras vinculadas al presente:

            Tan pronto como haya terminado mi desayuno, lo llamaré por teléfono. (en este momento estoy desayunando)

            Espero que, con esta lluvia, el tráfico no se haya embotellado. (está lloviendo)

            No creo que haya terminado con su examen.

 

 2- Acciones empezadas en el pasado vinculadas al futuro:

            Podrás leer el primer borrador de mi novela cuando haya terminado de escribirlo. (no he acabado con el trabajo que empecé).

            Los periodistas podrán entrevistar a los novios ni bien haya terminado la ceremonia religiosa.

            Cuando hayas terminado La Ilíada, empieza con Odisea.

 

 3- En oraciones introducidas por una negación o que expresen duda o temor, se corresponde con el pretérito perfecto y futuro perfecto de indicativo:

            Creo que ya ha terminado con su examen. (pretérito perfecto de indicativo)

            Supongo que ya habrá terminado con su examen. (futuro perfecto de indicativo)

            No creo que haya terminado su examen. (pretérito perfecto de subjuntivo)

            Temo que no haya llegado a tiempo. (pretérito perfecto de subjuntivo)

 

 

Pretérito pluscuamperfecto

 

Se utiliza en oraciones subordinadas para expresar acciones concluidas con anterioridad a otra acción –aspecto perfectivo–. Por lo general aparece en oraciones condicionales irreales.

            Si hubieses averiguado (o hubieras averiguado) por teléfono, te habrías ahorrado el viaje hasta aquí.

            Si hubieras dicho (o hubieses avisado)que vendrías a cenar,  te habría preparado tu comida favorita.

            ¿Te imaginas si en el viaje a Estambul hubiera nevado (o hubiese nevado)?

 1- En oraciones exclamativas, para referir a acciones de cumplimiento imposible.

            ¡Ojalá hubiera seguido tu consejo tu consejo! (o hubiese seguido)

            ¡Jamás hubiera pensado! (o hubiese pensado)

 2- En oraciones introducidas con una cláusula negativa, el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo corresponde a las afirmativas con pretérito pluscuamperfecto de indicativo y condicional perfecto.

            Creí que ya habían hecho las paces. (pretérito pluscuamperfecto de indicativo)

            Imaginaba que en otoño ya habrían comenzado las actividades. (condicional perfecto)

            No creí que ya hubieran hecho las paces. (o hubiesen hecho)

            No imaginaba que en otoño ya hubieran comenzado las actividades. (o hubiesen comenzado)

Futuro perfecto

Se utiliza para expresar una acción anterior a otra acción futura:

            Si no hubieren pagado sus impuestos antes del vencimiento, serán multados.

Al igual que el pretérito anterior del indicativo, este tiempo verbal no se usa actualmente y solo se emplea en textos literarios. Lo normal es utilizar en su lugar el pretérito perfecto de indicativo:

            Si no han pagado sus impuestos antes del vencimiento, serán multados.