Escarabajos bombarderos





Domingo 15 de abril 2018.

El sábado 10 de febrero, en vísperas de un viaje, intenté escribir sobre los escarabajos bombarderos, ya motivado por un artículo que había leído tiempo atrás y que me trajo derivas literarias: los Silphidae carroñeros. La escritura se vio superada por la lectura de Apolonio de Rodas y terminé escribiendo sobre el síndrome de Munchhäussen; "Se ha empezado a fabricar un ánfora, ¿por qué al correr del torno sale un botijo?", reflexionó Horacio. La digresión nació con la literatura.

De regreso a casa, con varios proyectos de nota registrados en la Moleskine y ya en tren de escritura fui sorprendido, poco después de medianoche del viernes 13, por el bombardeo a Siria. El incidente desplazó los proyectos de escritura, se instaló en mi cuaderno de borradores y en este momento me exige que lo termine, porque "Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías".

La repetición, variante o simetría está en la curiosa coincidencia, una diferencia de pocos días -como los festejos de Semana Santa- con el bombardeo anterior, que fue el 7 de abril del año pasado. A raíz de éste compartí un recuerdo en FB del 8 de abril de 2017, una caricatura: Putin y Assad sentados, uno al lado del otro en un sillón, el primero con el teléfono en la mano le tapa la bocina y le dice a Assad, que está tomando un café: "It's Trump, he's gonna bomb one of your airfields, what's time is convenient?"

Esta repetición me hizo pensar, mientras, vaso de The Glenlivet sin hielo al alcance de la mano, veía en vivo y en directo los misiles, a la par que consultaba en el Smartphone ediciones internacionales de diarios europeos para no perderme ninguna noticia -maravillas de la tecnología-; que bombardear depósitos o fábricas de gas venenoso se está convirtiendo en una celebración anual, como Halloween pero con sirios, evitando tocarle el pelo a los responsables directos -entre otros, el que está tomando café en la caricatura comentada ut supra ni a su flota aérea que, para este evento, se refugia en aeropuertos de bases militares rusas.

Esta variante de Halloween se esta globalizando a gusto del consumidor, no solo con sirios, entre otros: palestinos, somalíes, pakistaníes o afganos. Que la historia "no se repite como si dijéramos dos veces"; simplemente "repite" -en la quinta acepción de la RAE- porque no hemos sabido digerirla ni asimilarla; y este Halloween de origen pagano ya tuvo ediciones anteriores: la expulsión de judíos y moros, el Tribunal del Santo Oficio, la Noche de San Bartolomé.

Y, a la luz de las estelas de los misiles, la supérstite idea de escribir sobre escarabajos bombarderos resultó ave Fénix, renació de las explosiones de la madrugada del 14 de abril y exigió esta parécbasis.

En Japón hay una variedad de sapo, el Bufo japonicus, que tiene un hábito algo anoréxico. Incluye en su dieta al escarabajo bombardero asiático A.K.A. Pheropsophus jessoensis. Al igual que todos los de su orden, este coleóptero tiene las alas delanteras endurecidas lo cual le da el aspecto de insecto acorazado. Pero además, ya que de acorazado o Panzer hablo, el Pheropsophus jessoensis tiene los élitros con una coloración que recuerda a los uniformes camuflados de los granaderos acorazados y fiel a su "uniforme natural", una vez engullido por el sapo este hexápodo Panzergrenadier expulsa, desde una glándula que tiene en el abdomen, un chorro de una sustancia emética que obliga al glotón a escupirlo y escapar entre saltos y arcadas. Excelente metáfora literaria sobre el uso de armas químicas a la hora de defendernos de falsos profetas y de becerros de oro de las letras.

De armas químicas, en la caricatura que mencioné, el personaje que tiene el teléfono en la mano sabe bastante. Y sabe bastante porque, en su primer mandato, cuando un grupo de terroristas chechenos tomo unos 700 rehenes en el teatro Dubrovka de Moscú, ordenó, previo gaseado de la sala, el asalto. Casi todos los terroristas fueron muertos, pero más de la mitad de los espectadores debió ser internada, victimas del gas. Algunas fallecieron, las estadísticas del personaje que tiene el teléfono en la mano, en la caricatura, suelen incurrir en la elipsis -ya que no retóricas, de cifras de muertos.

Luego de la confusión que ha seguido por esta primera remake del "Halloween sirio" de la noche de ayer, es más que evidente la hipocresía internacional que ampara al genocida serial -el que tiene una taza de café en la caricatura, no el otro-, que lleva varios años masacrando a su pueblo, no siempre con gas pero con menos sofisticados bombardeos con barriles y tambores llenos de explosivos, clavos y fragmentos de metal, para provocar estragos en la población civil.

A esta altura de los hechos, las noticias, hackeos y trabajos de piaras de trolls de todas las ideologías y de todos los bandos contaminan la información. Ante la ineficiencia de la política internacional y la eficiencia del derecho al veto en las asambleas de la ONU, los civiles sirios son masacrados.

Como el Pheropsophus jessoensis, me protejo con mi arma química remasterizada, la biblioteca, me refugio en textos clásicos y me defiendo de otras armas de destrucción masiva: las modas literarias, los ungidos por mejor vendidos; o su contracara los promocionados por críticos o académicos -sean baby boomers y antecesores, generación X, millenials-, tan en el mainstream como intrascendentes y olvidables. Y digo olvidables por aquellos versos magistrales: "Es la memoria un gran don, / cualidad muy meritoria / y aquellos que en esta historia / sospechen que les doy palo / sepan que olvidar lo malo, / también es tener memoria". O, dicho en un lunfardo aceptable: "entre bomberos no nos vamos a pinchar la manguera" o "a esta película ya la vi".

Lo malo es que esta película ya la hemos visto, pero no se sabe el final. Como los relatos de Scherezade: uno, nos lleva a otro y a 1001 otros. Donde los buenos son los malos y los malos, menos malos, o menos buenos, o más buenos que otros buenos, o los dos buenos son los malos; o viceversa en todos los casos precedentes. Como el Pheropsophus jessoensis, me atrinchero en la biblioteca, con "pocos pero doctos libros juntos"; glosando a Martín Fierro: "no se ha de llover el rancho / en donde estos libros estén".