Citas y sus derivas 2

En citas y sus derivas quedó en el tintero una cornucopia: citas atribuidas a militares y políticos a propósito de la guerra. Cosecha jugosa, sea por sabias o irónicas reflexiones, sea ataques de enemigos. Y no necesariamente enemigos: las opiniones de Patton, Bradley, oficiales polacos, incluso británicos, del mariscal Montgomery, no son flores –ya que de antología trata– gratas de oler. Este jardín se debe a un tópico que nace con la literatura: la afinidad del guerrero con el poeta y que fue definido recién en el siglo XVI por Baldasare Gastiglione (Zeitgeist) como tópico literario de: "las armas y las letras".

El tópico remonta al origen de la literatura: la poesía épica que narró hazañas y batalla de héroes y continuó hasta el nacimiento de la novela moderna con Cervantes en El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. En la Primera parte, "Capítulo XXXVII Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras", podemos leer las argumentaciones del Caballero de la Triste Figura: "...volvamos a la preeminencia de las armas contra las letras, materia que hasta ahora está por averiguar, según son las razones que cada una de su parte alega. Y, entre las que he dicho; dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios...". Y no solamente las armas defienden repúblicas y reinos sino que también sirven para dirimir rivalidades poéticas, literarias y artísticas. En el mero plano literario las metafóricas batallas estéticas y poéticas pueden ser más sangrientas e impiadosas que las otras.

Las citas atribuidas a guerreros pueden ser leídas como alabanzas o vituperios, al igual que los proverbios y adagios que pueden tener más de una interpretación. Y sobre este enfoque y formas de interpretación ya advirtió Erasmo de Rotterdam, en Adagios del poder y de la guerra y teoría del adagio, que una de las características de los adagios, dichos y proverbios es poder aplicarse con diferentes sentidos, de acuerdo a la ocasión, y da como ejemplo el caso de "tonel agujereado", que puede referir al olvidadizo, al inútil o al desagradecido. Advierte Erasmo que el cambio de una palabra, puede servir para adaptar el adagio, así: "regalos de enemigos no son regalos" –basado en la sentencia latina Hostium munera non munera–, puede cambiarse por: "regalos de pobres, de aduladores o de poetas no son regalos". Si se piensa bien, los regalos de los enemigos suelen acarrear desgracias –el ejemplo latino, remite a Eneida de Virgilo, Canto II, cuando Laocoonte, ante la vista del caballo que los griegos han dejado de presente, dice: Timeo danaos et dona ferentes (Temo a los griegos incluso cuando traen regalos)–; por eso, si los pobres, los aduladores o los poetas ofrecen algo se puede pensar que es más por intenciones de ganar voluntad o afecto que verdaderos regalos.

Así, sentencias de militares pueden ser retrucadas y volverse en su contra. El general George Patton, tan famoso por su afilada lengua, cuando se refería a rivales, como por los rigurosos entrenamientos a que sometía a sus tropas, acuñó el lema "A pint of sweat, saves a gallon of blood" (una gota de sudor ahorra galones de sangre). El fanfarrón Patton es conocido por su apodo "Sangre y cojones" (Blood and Guts); "Los cojones son de él, la sangre es nuestra", retrucaban por lo bajo sus soldados.

Muchas reflexiones y sentencias de guerreros –a veces utilizadas con fines literarios, poéticos o retóricos– sorprenden por su evidente falta de espontaneidad, sirva de ejemplo: Vini, vidi, vici y Alea iacta est. En este rubro, se lleva las palmas la arenga del Almirante Nelson antes de la batalla de Trafalgar: "England expects every man to do his duty" (Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber). Lord Horatio Nelson, fiel a su personalidad egocéntrica, habría pasado las horas previas a la batalla pensando en el mensaje más apropiado para despachar antes del inicio del combate, optó por: "Nelson confía en que todos los hombres cumplirán con su deber". Sugerencia atractiva y acorde a su carácter, enviar una comunicación casi coloquial, sabiendo que todas las tripulaciones lo respetaban y confiaban en él ciegamente. A último momento, modificó el texto dos veces. La primera: "Nelson" por "Inglaterra" y se la entregó al marinero encargado de transmitirla mediante banderolas. La segunda, por sugerencia del oficial que asistía con las señales, quien propuso: "Si su Señoría me permite reemplazar confía por espera el aviso será transmitido más rápido, porque la palabra espera tiene sólo una banderola por señal y confía debe ser deletreada"; "England expects every man to do his duty", quedó registrada como la arenga más famosa de la historia naval.

Dentro de las citas más conocidas que tienen contrapuntos adversos está aquella atribuida a Mussolini en un discurso en Alemania (1937): "Cuando el fascismo tiene un amigo, marchará con él hasta el final". La respuesta de Winston Churchill se escuchó cuatro años después, en la Cámara de los Comunes: "Ese chacal apaleado está retozando junto al tigre alemán".

Por su parte Churchill suele ser citado por un fragmento de su discurso luego de la retirada de Dunkerque (1940): "... lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, nunca nos rendiremos...". Pocos recuerdan aquella cínica definición suya, en plena guerra fría y el conflicto de Corea (1952), de prisionero de guerra: "Un prisionero de guerra es una persona que intentó matarte y fracasó, y después te pide que no lo mates". Premonitoriamente (1932) el magnate británico de prensa, Lord Beaverbrook, lo definió con un cáustico comentario que es una viñeta: "Churchill tiene la costumbre de romper los peldaños de cualquier escalera en que pone el pie".

La infinita serie de citas, hermanadas en el tópico de las armas y las letras, tiene su primer mordiente detractor en el siglo II antes de Cristo con Plauto, en su comedia El soldado fanfarrón (Miles gloriosus); en ella, el protagonista, Pirgopolínices, es blanco de burlas de todo el mundo, incluidos los esclavos. Así, el sambenito del miles gloriosus pende como espada de Damocles cada vez que se menciona alguna reflexión de guerrero; quizás porque, como dice el tango, muchas veces: "ni murió ni fue guerrero, como me engrupiste vos".

Más allá de estos dos extremos, el verdadero honor y la fanfarronería, la espada de Damocles puede representarla la afilada lengua de Alejandro Magno quien, ante un veterano que blasonaba de sus heridas en la cara frente a un recluta le espetó: "Soldado, la próxima vez que huyas no vuelvas la cara para ver si el enemigo te sigue". Gracián rescata este comentario del macedonio Alejandro Magno en Agudeza y arte de ingenio, digno de ser mencionado en "El arte de injuriar" de Jorge Luis Borges.

 





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